Una playa y un pueblo con más de un punto fuerte. Bahía, Brasil.Apenas a 50 kilómetros de la ciudad de Salvador, una villa de pescadores se las arregla muy bien para recibir cada vez a más turistas sin perder su personalidad; como vecino notable, uno de los mejores resorts del país.
PRAIA DO FORTE.- Pequeñas casas, una plaza, una iglesia y una gran calle principal ciento por ciento turística conforman este antiguo pueblo de pescadores 50 kilómetros al norte de la ciudad de Salvador, capital del estado de Bahía. Lugar exclusivo, pero con ese ambiente rústico y relajado que sólo Brasil puede lograr. Las viviendas de unas 1800 personas aún conservan la atmósfera del pasado en esta área, donada por un particular al municipio con la condición de que los habitantes que allí estaban no vendieran sus casas (sólo se las pueden dejar a sus hijos). Ese es seguramente uno de los secretos de la estrategia que permitió preservar el ambiente original de Praia do Forte, que, por su soñada playa y un destacado hotel, es uno de los destinos turísticos con mayor crecimiento de Brasil. Aunque el número de visitantes aumenta cada año, y a pesar de que el municipio ha pavimentado las calles principales y desarrollado una zona comercial con tiendas de artesanías, boutiques, bares, restaurantes y pousadas (con precios más altos que en Salvador), la villa todavía mantiene el encanto y la simplicidad de antes. Ese es el gran atractivo del pueblo donde, por la noche, los locales todavía ponen las sillas en la vereda para poder charlar bajo la luna. Claro que la gran excusa para visitar este privilegiado punto del litoral norte de Bahía son los doce kilómetros de playas casi desiertas, con piscinas naturales, cocoteros, rica fauna marina y 228 especies de pájaros. No por nada los más entusiastas la llaman Polinesia Brasileña. Son playas de arena blanca, quizá no tan fina como la de Fortaleza, pero rodeadas de palmeras. El mar es tibio y muy transparente, con pocas olas, apto para el windsurf y recomendable para el buceo. La temperatura suele ser templada todo el año, aunque entre noviembre y abril llega a niveles de bastante calor. Enormes arrecifes de coral forman piletones naturales de hasta tres metros de profundidad. Gastronomía y noche Al pueblo tampoco le falta movida nocturna. Las Margaritas es un buen cóctel de música en vivo y comida mexicana. En The Beach House se puede escuchar tanto música popular brasileña como rock internacional. El Bar Souza suele ser la opción para terminar la noche. Y el Coisa e Tal es una panadería que sorprendentemente se convierte en disco cuando se pone el sol. Pero no todo es playa, comida y tragos. Estas son otras buenas razones para visitar Praia do Forte: 1. Castillo GarcIa D´Avila Después de un período de cierto abandono, el 28 de diciembre de 2002 fue reabierta tras dos años de refacciones, que incluyeron la restauración de la capilla de Nuestra Señora de la Concepción, un auténtico tesoro arquitectónico y el edificio religioso más antiguo del país. El proceso de rescate quedó reflejado en las fotografías que pueden ver los visitantes que suben a la colina, a 68 metros sobre el nivel del mar, el punto más alto de la región y una ubicación estratégica para detectar la proximidad del enemigo y dar aviso, humo mediante, a Salvador. Las ruinas del antiguo castillo, donde vivieron diez generaciones de los García D´Avila, han sido protegidas como Patrimonio Histórico Nacional desde 1938, casi cien años después de ser abandonadas. Hoy es uno de los mayores atractivos de Praia do Forte. 2. Tivoli Ecoresort Hoy, el predio dispone de 292 elegantes habitaciones con terrazas frente al mar, tres restaurantes (Goa, Tabaréu y A Sombra de Coquerial) que ofrecen de los platos bahianos al menú internacional, incluyendo un desayuno con más de cien productos; cuatro bares para disfrutar de las mejores caipirinhas y caipiroskas; cuatro canchas de tenis y una de fútbol, todas iluminadas; kid´s club y hasta servicio de niñera, más un espacio para preparar comida para bebes disponible las 24 horas. El resort es especialmente amigable para las familias. El entorno natural del Thalasso Spa (¡4000 metros cuadrados, 25 gabinetes privados!), con gimnasio y salón de belleza, parecería hacer aún más efectivos los tratamientos relajantes. Pero lo que realmente distingue el resort es su carácter abierto, a diferencia del típico alojamiento todo incluido, diseñado para que los huéspedes no tengan contacto con el mundo exterior. Por el contrario, acá la idea es justamente relacionarse con el vecino pueblo de pescadores. 3. Reserva Sapiranga Observación de flora y fauna, relajantes baños en el río, senderismo, ciclismo, cabalgatas, cuatriciclos y rutas en 4×4. 4. Proyecto Tamar 5. Salven a las ballenas
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